Prueba
- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


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24 de marzo de 2011

La mirada violeta


Era dueña de los ojos más exóticos que han existido en la historia del cine y sabiéndolo, lo aprovechó al máximo. Elizabeth Taylor, una de las mayores actrices de la época dorada de Hollywood, nos deja hoy con la grave incertidumbre de no saber si alguien la llegó a conocer en su totalidad. Era un animal que se dejaba desnudar por la cámara pero a la vez era esquiva, recelosa y quería ser tratada como una Cleopatra vivificada que merecía su propio séquito de esclavos a su servicio y veneración.

Y no pecamos en exageración. Se sabe que a partir de los años sesenta y tras ganar el primer Oscar por su apoteósica interpretación en "¿Quién teme a Virginia Woolf?", Liz quiso lanzar una recomendación a todos aquellos curiosos o periodistas que pretendieran pedirle un simple autógrafo o una entrevista: "los atenderé gustosa siempre que vayan acompañados de un diamante. Los adoro." Y parece ser que sí, que se tomó muy a pecho lo que le cantó a todas las chicas Marilyn en "Los caballeros las prefieren rubias". Al final lo consiguió, pero a cargo de su marido Richard Burton que le regaló uno de los diamantes más caros del mundo. La chica lo valía, según él.




Casada en ocho ocasiones y con el antes mencionado dos veces seguidas, Elizabeth Taylor fue una mujer libre, en el sentido radical de la palabra. Tan sólo la encadenaba sus pasiones y sus delirios amorosos. Pero eso también forma parte de la libertad, reconozcámoslo. A mediados de los años ochenta y tras la muerte de Freddy, quiso capitanear la lucha contra el SIDA a través de todo el mundo consiguiendo ingentes cantidades de dinero para sufragar los gastos de numerosas organizaciones humanitarias. Amiga íntima del excéntrico Michael Jackson, rival directa de Marilyn Monroe y compañera de juerga del mítico James Dean, se puede decir que Miss Taylor hizo y escribió su vida tal y como quiso. Rodeada siempre de intelectuales, magnates, bohemios, actores, fans ...y todo bajo un halo de solemnidad y glamour que merece un largo y ruidoso aplauso ahora que hace que no nos oye.

Frivolidad maquillada de filantropía, la faraona por antonomasia del cine mezclada con la autodestructiva Woolf. Mujer de contrastes, luces y sombras que hace menos de un año arremetía contra la prensa internacional cuando se enteró de que Angelina Jolie la quería interpretar en un biopic. "Nadie interpretará a Elizabeth Taylor si no es Elizabeth Taylor. No lo consentiré. Al menos mientras viva y por ahora vivir me entretiene demasiado". Se nos va otra de las grandes. Más que grande, "Gigante". Y seguramente, en las noches menos transitadas por Morfeo, se oirá el maullar de una gata que sigue esperando en su tejado de zinc. Hasta siempre, Elizabeth.


No os perdais el vídeo-homenaje. http://www.youtube.com/watch?v=s0l6gfn54-E


Todos los derechos reservados. Jesús Leirós 2011 ©
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3 de febrero de 2011

Personajes| Hitler vs Chaplin


Nacieron la misma semana y en el mismo año. Ambos siguieron carreras paralelas pero hubo un momento en el que se produjo un acercamiento tan brutal que nadie hasta nuestros días ha conseguido imitar y mucho menos superarlo. Hablamos de la película "El gran dictador" donde el cómico más famoso de todos los tiempos dejó a un lado el bastón y el bombín para interpretar al que él llamaba como "el más sucio con los trajes más limpios". Así Charles Chaplin estudió los gestos, las voces y los sermones demagogos que Adolf Hitler brindaba a todo un batallón de alemanes enfermos de venganza contra las imposiciones y deudas externas que acarreaba la Primera Guerra Mundial. Pero él no fue el único que salió mal parado. Mussolini también tiene su particular homenaje en una de las escenas más desternillantes y conocidas del cine clásico.

Pronto empezaron las especulaciones sobre si el propio Hitler había visto la cinta. Sabiendo su obsesión por todo lo que tenía que ver con la publicidad de su propia imagen a nadie le cabía la menor duda. Pero lo que más interés tenía el propio Chaplin, que también era director de la misma, era saber si le había gustado o por el contrario se había ofendido como pretendía. Su reacción fue fría y distante. No encontraba parecido a nada de lo que allí se contaba relacionado con la extorsión a los judíos y su adoctrinamiento social.

Un clásico que fue aclamado en el 2000 como una de las mejores comedias jamás realizadas guarda un significado inquietante. Hacemos referencia a la archiconocida escena en la que un Hitler- Chaplin juega con el mundo literalmente. Unas imágenes que preveían lo que iba a ocurrir cuando el nazismo abrazara al mundo. ¡Cine en estado puro!

http://www.youtube.com/watch?v=3ufGTd1Hpfg&feature=related

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25 de enero de 2011

Personajes| Joan Crawford


Fue, en el sentido radical de la palabra, una superestrella de cine. Vivía por y para ella. Tenía una necesidad imperiosa por estar siempre bella, perfecta, sublime, en portada y dispuesta a convencer a la opinión pública de que su vida era la que toda mujer de bien podría soñar. Pero tras ese halo de glamour y notoriedad se escondía una verdad que una vez descubierta dejó mudo a medio Hollywood petrificado.

Lucille Fay Le Sueur nació en 1904 en Texas (EEUU) sufriendo el abandono de un padre al que nunca llego a conocer. Soportó durante toda su infancia la suciedad y el desorden que reinaba en la casa de su madre y padrastro creándose en la pequeña un rechazo enfermizo a todo lo que no estuviese limpio y en perfecto orden.

Incapaz de quedarse embarazada con los tres maridos que tuvo, decidió adoptar y lo hizo a lo grande, como a ella le gustaba todo: cuatro hijos en total. Pero sería una, Cristina, la que en su biografía desató la polémica al dar a entender los detalles ocultos que su madre se había encargado de salvaguardar por encima de todo.


La diva tan sólo se fumaba un único cigarrillo de cada paquete de tabaco. Según ella comentaba a sus más allegados: "el resto estaban ya demasiado contaminados"...

Joan Crawford odiaba que sus hijos colgaran sus ropas en perchas de hierro o alambre y cuando descubría que así lo habían hecho nadie podría detener su furia. Una noche apaleó a sus dos hijos, entre ellos a la citada Cristina, con la misma percha para que aprendieran que nunca más deberían de cometer "tan grandísimo despropósito". Cambiar la taza del retrete semanalmente, limpiar toda la casa diez veces por semana, ducharse cuatro veces al día, peluquero, cocinero y varios asistentes personales. Y por supuesto el uso de la violencia en todo momento que cualquiera osaba a contradecirle.



Disney caracterizó a una de las malas más perversas de la factoría basándose en la actriz.

A pesar de los continuos maltratos a los que sometió la diva por excelencia del cine clásico Hollywoodiense, Cristina Crawford estuvo hasta el último momento junto a su madre. La misma que le intentó engendrar un odio visceral hacia toda persona que no cumpliera unas órdenes estúpidas, sin quererlo le inculcó otro valor añadido: el de prestar la otra mejilla. Ella que nunca había sabido lo que era un abrazo, un beso sincero o una caricia espontánea sin que fuese pasto de la publicidad, lo hizo sin miramientos acompañándola hasta el día de su muerte. Y es que la verdadera estrella de la historia jamás tendrá Óscars en sus estanterías, ni periodistas que quieran conocer sus inquietudes. Pero tiene algo mucho más valioso: el coraje de perdonar sabiendo que nadie comprendió su misericordia.

Extracto de la magnífica película "Queridísima Mamá" que relata lo contado , ¡no os lo perdais!

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