
Era dueña de los ojos más exóticos que han existido en la historia del cine y sabiéndolo, lo aprovechó al máximo. Elizabeth Taylor, una de las mayores actrices de la época dorada de Hollywood, nos deja hoy con la grave incertidumbre de no saber si alguien la llegó a conocer en su totalidad. Era un animal que se dejaba desnudar por la cámara pero a la vez era esquiva, recelosa y quería ser tratada como una Cleopatra vivificada que merecía su propio séquito de esclavos a su servicio y veneración.
Y no pecamos en exageración. Se sabe que a partir de los años sesenta y tras ganar el primer Oscar por su apoteósica interpretación en "¿Quién teme a Virginia Woolf?", Liz quiso lanzar una recomendación a todos aquellos curiosos o periodistas que pretendieran pedirle un simple autógrafo o una entrevista: "los atenderé gustosa siempre que vayan acompañados de un diamante. Los adoro." Y parece ser que sí, que se tomó muy a pecho lo que le cantó a todas las chicas Marilyn en "Los caballeros las prefieren rubias". Al final lo consiguió, pero a cargo de su marido Richard Burton que le regaló uno de los diamantes más caros del mundo. La chica lo valía, según él.

Casada en ocho ocasiones y con el antes mencionado dos veces seguidas, Elizabeth Taylor fue una mujer libre, en el sentido radical de la palabra. Tan sólo la encadenaba sus pasiones y sus delirios amorosos. Pero eso también forma parte de la libertad, reconozcámoslo. A mediados de los años ochenta y tras la muerte de Freddy, quiso capitanear la lucha contra el SIDA a través de todo el mundo consiguiendo ingentes cantidades de dinero para sufragar los gastos de numerosas organizaciones humanitarias. Amiga íntima del excéntrico Michael Jackson, rival directa de Marilyn Monroe y compañera de juerga del mítico James Dean, se puede decir que Miss Taylor hizo y escribió su vida tal y como quiso. Rodeada siempre de intelectuales, magnates, bohemios, actores, fans ...y todo bajo un halo de solemnidad y glamour que merece un largo y ruidoso aplauso ahora que hace que no nos oye.

Frivolidad maquillada de filantropía, la faraona por antonomasia del cine mezclada con la autodestructiva Woolf. Mujer de contrastes, luces y sombras que hace menos de un año arremetía contra la prensa internacional cuando se enteró de que Angelina Jolie la quería interpretar en un biopic. "Nadie interpretará a Elizabeth Taylor si no es Elizabeth Taylor. No lo consentiré. Al menos mientras viva y por ahora vivir me entretiene demasiado". Se nos va otra de las grandes. Más que grande, "Gigante". Y seguramente, en las noches menos transitadas por Morfeo, se oirá el maullar de una gata que sigue esperando en su tejado de zinc. Hasta siempre, Elizabeth.
Todos los derechos reservados. Jesús Leirós 2011 ©
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24.3.11
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