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- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


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13 de julio de 2011

Noches de Gala | Parte V


Antonio Ángel Custodio Sergio Alejandro María de los Dolores Reina de los Mártires de la Santísima Trinidad y de Todos los Santos vino al mundo ya dando que hablar. Pero más que hablar, él ya desde un principio prefirió escribir. De su infancia recuerda los dos textos que marcarían de por vida su trayectoria: el que quería que fuese su epitafio y su primer relato titulado "Vida de un gato". El primero era pura poesía: "Murió vivo". Y el segundo resaltaba porque, a pesar de vivir en una familia eminentemente cazadora con grandes canes, se sintió identificado con "lo antagónico". Este relato lo guardaría para siempre su padre en su cartera. Descubrimiento que le asombró a nuestro protagonista durante su funeral.

Su infancia la confía a Córdoba y es allí donde, a falta de amigos carnales, contacta con la que será su gran compañera de viaje: la literatura. Rainer M. Rilke, San Juan de la Cruz y Garcilaso son pasto de su voraz lectura en las tardes serenas de la gran finca familiar de los Gala. Con dos intentos de suicidio en las espaldas y con ganas de inaugurar un mundo lleno de posibilidades artísticas, accede a la universidad de Sevilla a los quince años para cursar la carrera de Derecho. Ya como alumno libre, se interesa por Ciencias Políticas y Económicas, Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, licenciándose en todas ellas.

Presionado por su padre para que se convirtiese en Abogado del Estado (las oposiciones más duras que han existido en la España franquista) las gana pero en un gesto de rebeldía renuncia a su plaza y declina su vida en un monasterio de Cartujos que también abandonará al no poder adaptarse a las rígidas normas que conlleva la convivencia enclaustrada. Es aquí donde nace por segunda vez ya como Antonio Gala.

Coleccionista de bastones (tiene más de 900), asegura que son todos regalos de amigos, de buenos amigos. Y que por eso los usa, para apoyarse en ellos y no en simples bastones. Pasando el año a caballo entre Madrid y Alhaurín el Grande, tiene un tiempo reservado para visitar y asesorar a los que dan verdadero significado a la que considera su gran obra. La Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores situada en pleno corazón de Córdoba, sigue siendo un punto de referencia insustituible de creación artística, no sólo en Andalucía, sino en toda España. Allí se dan cita durante nueve meses veintiún privilegiados de diferentes disciplinas artísticas que van desde la fotografía, la pintura, la literatura, la escultura y la música. Todos aprendiendo de todos en una retroalimentación pitagórica enmarcada en un ambiente humanístico sin precedentes.

Son pocos los autores españoles que han hecho de su vida una obra equivalente en interés a cualquier libro publicado. Las anécdotas se suceden de tal manera que desde hace treinta años se convierte en una figura imprescindible para los programas de televisión, radio y prensa de la más diversa índole. No importa que traten sobre el interés lector de los telespectadores, sobre su opinión personal sobre grandes figuras de la historia o que hable de uno de sus libros de excepción para el buen sexo: el Anangarranga. En Antonio sucede como en el amor: no importa lo que se diga mientras se diga, no importa lo que se haga mientras se haga. Su oratoria es digna de un político griego y su gracia de la de un gitano aburguesado. Y es que Gala es un hombre de contrastes. Embelesa desenmascarando la conducta amorosa más hermosa y a la vez insulta sin tapujos a los que más quiere. Su secreto para saber querer es claro: "Saber si eres el amado o el amante. Aquí ya venimos todos con los papeles dados. El éxito es saber quién se es y acatarlo."

Aquí termina este humilde especial pero no nuestras Noches de Gala. El reconocimiento a este gran genio, a este andaluz universal, a este poeta de palabras bellas se renueva cada vez que disfrutemos de todos "los bellos durmientes" en nuestra particular "pasión turca". Sólo así sus "papeles de agua", de amor, capitanearán esbeltos "pedestales" en nuestra memoria colectiva. Hoy, la vida en beso brinda por ti, Maestro.

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12 de julio de 2011

Noches de Gala | Parte IV


Cuando en noviembre de 1990 Antonio Gala ganaba, con El manuscrito carmesí, el premio más preciado de novela en España, no sorprendió a nadie. En realidad, relatos dialogados eran ya los hechos y aconteceres de unos personajes recortados contra un espacio, espacio novelesco, acotado en paisaje, serie de guiones que Gala preparó para televisión y reunió más tarde en un libro titulado Paisaje con figuras. Y verdaderos capítulos de novela son muchas de las crónicas que aparecen cada semana en el suplemente del periódico El Mundo, por las que Gala hace desfilar personajes y acontecimientos que, unidos por una trama que les sirve de enlace, muestran, al ser publicadas en libro, su raigambre de ancestral tradición narrativa.

Los pretextos son varios: unas veces el autor charla con Troylo, su perro, un diálogo que le permite "manifestar con desnudez mi tristeza, mi debilidad, mi abandono, mi confianza, mi soledad dolorosa en ocasiones. Otras, entrega cartas "en propia mano", o se dirige a una enigmática Dama de Otoño, o dedica sus reflexiones a Tobías (un niño que se educa fuera de España); en las últimas series dialoga consigo mismo en una mística "soledad sonora", o recibe las confesiones de tipos humanos muy diversos, que (recordando a un verso del más hermoso y enigmático romance compuesto en lengua hispana) titula " a quien conmigo va". En todas lo narrativo, la novela, es más que un germen.

La santa fusión del gozo y el dolor, la comprensión de lo que significa "morir de gusto", la nueva sensación que nos hace bendecir el sexo y su desorden, capaces de redimirnos de nuestros lastres y de nosotros mismos, estallan en agobiantes, desenfrenadas y, !quién lo dijera!, serenas preguntas: ¿Se opone el amor a la pasión? ¿Cabe la pasión sin amor? ¿Es siempre mentira la eternidad que la pasión promete y verdadera la que anuncia el amor?

El fatalismo gozosa y conscientemente aceptado por las protagonistas, porque las cosas son como son, nadie puede torcerlas; la seguridad de que todos cuantos le aconsejan volver tienen razón, junto a la certeza de que su sitio está junto a los distintos Yamam, dan forma a un conjunto de extrañas negociaciones consigo mismas.

Es el amor, en cuya esencia está la duda, sentido como una pugna a muerte "a muerte sin indulto, porque pierdas o triunfes en esa lucha, mueres". Sí, morir de amor, pero fuera de ti.



El dolor eres tú. La soledad
sentir tu aliento al lado de mi cuello.
Hubo una vez un niño, que reía
en las plazas más claras
muy cerca de las fuentes.
Y aún antes de eso, hubo
un latido dudoso,
que fue a crecer con la delicadeza
con que inaugura el campo
un día de junio. Pero estaba el crimen
acechando, el estigma
tatuado ya en su frente.
Y después, un muchacho, en el recodo
de un sosegado río entre adelfales,
donde las horas, negras
como piedras de toque,
iban hasta los últimos veneros
y regresaban sin haber bebido.
Ahora retira de mi mente tus
jaurías. Retrocedan
los sueños procelosos.
Olvídame, esto es, dame la muerte,
pues si subisto es porque tú me piensas
en cada aurora y
surtes de sangre nueva cada herida.

Bien sabes, Enemigo
mío, que no soy yo el ardiente crimen
que cometo. Tú has sido quien me impuso
el puñal y la mano, que no logran
rendirse a tu implacable
amor. Se han extinguido para siempre
las soleadas tardes infantiles,
en que todo es mañana,
y la promesa ensancha el todavía.
Tú eres hoy: el gusano
en el fruto, la joven primavera
frustrada, la anchurosa cima de
la soledad. Tú eres
el fracaso del grano de mostaza,
que no obtuvo de sí nidos de pájaros,
ni una maternal fronda
que cabecease al mediodía, y siente
dolor de todo el árbol que pudo ser, encinta de tristeza,
rumiando su segunda muerte.


Ignoro tu nombre,
que no debe pronunciarse
y está en el aire,
tal la sonrisa del gato de Cheshire,
con los brazos abiertos,
fascinando al recuerdo y la esperanza
donde quiera que miro. Sin embargo,
no te vayas muy lejos. No rehúyo
tu nombre, acaso porque,
a estas horas del alma, Tú, mi eterno Enemigo, eres lo único
que no me ha abandonado,
y tu batalla me hace compañía,
a mí, que soy tu campo de batalla.

Antonio Gala




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11 de julio de 2011

Noches de Gala | Parte III


Tampoco amor e instinto viajan juntos; vive aquel del detalle, este de los grandes momentos, del conjunto. Sin embargo, el amor no empequeñece, amplía. Reducir amor a sexo - afirman los filósofos - complica la cuestión a limine. Ni siquiera el "amor sexual" se identifica con el "instinto" calificado con el mismo adjetivo. Este asegura la continuidad de la especie solamente; en cierto modo, aquel es más perfecto: "Confundir el placer con la felicidad, siendo así que aquel es el lado trágico de ésta; confundir el sexo con el placer, siendo así que el primero es un inagotable idioma completo; confundir la paternidad con una instantánea programación, siendo así que se trata de una casi infinita tarea; confundir el amor con la eficacia, siendo así que ambos son precisamente opuestos, me parecen demasiadas confunsiones."

Nada es claro, ni simple, ni fácil de entender: "Es el sexo la mejor garra para retener, el mejor gancho de abordaje", piensa la protagonista de La pasión turca, lamentando que el corazón, la cabeza y el alma no sean sexo también, porque "a él va, a pecho descubierto, entero y verdadero, sólo el cuerpo, que es sexo y nada más".

Habla Gala también de la diferente forma de amar de la mujer y el hombre. La mujer puede vivir sólo para el amor, ama a tiempo completo, tal vez porque para ella la consecuencia del amor es palpable, real, ese hijo que puede nacer, cuya posibilidad gravita sobre ella de tal forma que al amor, sin quererlo, lo desea auténtica, real, óseamente. "El deseo del hombre - pensará Desideria- lleva en sí mismo su fin; es un simple medio para el placer femenino, ni siquiera un medio para la procreación. Yo he tenido a veces la sensación de que la Naturaleza entera estaba pendiente de mi gozo..."

Confusos también los caminos del sexo y del deseo y ansia de la paternidad, porque padre y madre no son quienes engendran la vida, sino quienes dan de vivir; y es que, en definitiva, en el ser humano la mente y el corazón constituyen lo único que de verdad importa. Tal vez por eso, aquellas dos mujeres "después de un tiempo de convivencia amorosa, querían sencillamente tener en común una excelente tarea".

Es en amor la ausencia
lo mismo que la sombra,
que cuanto más se aleja
más cuerpo toma

En el amor, la ausencia
es lo mismo que el aire:
apaga el fuego chico
y aviva el grande.

Quiere el amante a sí reconocerse
en el amor, igual que en un espejo,
sin saber que él es otro espejo en manos
de otro amante, que a sí mismo se busca.

Antonio Gala

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9 de julio de 2011

Noches de Gala | Parte II


Nos movemos en el tiempo como dentro del agua. Como dentro de un agua que nos gasta. Cuando salimos de ella, ya no somos. A ese desgaste lo llamamos vida. La vida quizá sea, sobre todo, olvidar: sustituir, mirar hacia otro lado, distraernos en estricto sentido, avanzar, mudar de sitio, mudar de amor, irnos muriendo poco a poco. "Olvidar, qué imposible", pensamos con frecuencia. "La abrasadora boca del olvido,/que duele allí donde el dolor termina", escribimos una tarde andaluza. Hay heridas que debieran ser de piedra; heridas que querríamos perdurables. Pero, no. La vida consiste en un arduo equilibrio entre el recuerdo y el olvido. El que conscientemente se propone no olvidar, inconscientemente ya ha comenzado a hacerlo: "Se me olvidó que te olvidé, / a mí, que nada se me olvida." Cuánto vaivén el de esta marejada. Cuando intentamos recordar, ya no es posible.

Volvemos a un paisaje donde fuimos un momento felices. (El paisaje, infinito, y el corazón, pequeño. "Esta es tu casa" La escarcha blanqueaba las laderas del amanecer y su rostro, que no había dormido. Nos observaba, aprobando, el hermoso mundo a nuestro alcance. Yo temblaba de amor y de frío. Salpicaba el paisaje con los besos restantes, por no desperdiciarlos: su boca era demasiado menuda para tantos.) Volvemos para recordar, y allí está todo: el ventanal, las laderas, los abetos, la escharcha, hasta los besos. Todo, menos nosotros. Buscamos el momento, no el paisaje. Buscamos lo que fuimos, y no acude a la cita.

Aquel momento huyó: no sabe/no contesta. El amante suele dejar de amar, pero no deja de amar nunca el momento en que amó: ese momento que no existe. Le urge entre cartas, atardeceres, gestos, ropa interior, palabras. Imposible. Y revuelve nervioso el equipaje. No; se extravió en alguna parte, por descuido quizá, o se lo robaron. El tiempo en el que amamos nos olvidó. Todo en nosotros es irrecuperable.

Antonio Gala - Cuadernos de la Dama de Otoño

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8 de julio de 2011

Noches de Gala | Parte I


Los poetas, todos los grandes creadores, buscan transmitir situaciones y viviencias irrepetibles, sí, pero evocables. También Antonio Gala nos ha dicho siempre lo mismo, pero siempre nos ha cantado algo diferente. Leerlo, comprenderlo, demorarnos en su expresión lingüística, nos hará desandar el camino recorrido por él para convertir sus precupaciones, conceptuales o afectivas, en un proceso verdaderamente artístico. Cierto que el escritor, hombre histórico, cambia, como todo cambia; pero, al acercarnos a su obra, percibimos la densidad de su bloque, la identidad de sus recursos expresivos; ese conjunto de contenidos sentimentales e intelectuales en los que cree de manera más o menos consciente y que hará llegar a los demás descubriendo en el mundo real la capacidad de relación de los elementos que lo componen, recreando nuevas conbinaciones, casi infinitas en su diversidad y número.

La obra de Gala oscila entre dos exigencias: la necesidad de participar su escritura en las luchas de su tiempo y la honda urgencia de realizar en ella su yo más íntimo; crea una literatura que se enfrente con la historia y que, como una crónica o un panfleto, intenta influir en su curso, y otra literatura que, inexorablemente, regresa al ser para descubrir lo esencial, lo profético que hay en él.

Como tantos de nuestros clásicos, Antonio Gala ha cultivado todos los géneros literarios, se ha lanzado a ellos con intensidad, los ha penetrado con su maestría. A todos ha llegado con su poesía, porque, como él mismo ha dicho, ésta puede hacerse en forma de drama, de novela, de ensayo o de actitud vital simplemente, hasta en "La Tronera" hay algo de literatura poética, ya que sus certeras , directas y muy meditadas gacetillas son, en realidad, el producto de su literatura, el amor, que se enlaza, se funde y entreteje con tantos otros temas, a través de los cuales busca, como todo escritor, las formas con que su imaginación se comunica y se compromete con el mundo. El compromiso es complejo y profundo, todo lo invade, todo lo tiñe con su peculiar policromía, desde los tonos profundos y oscuros de la soledad hasta los tonos épicos y seguros de la simpatía.

Escribe Gala en un mundo inundado de soledad, de desamor, de frío, un mundo inhóspito donde él habla de amor, aunque haya poca gente que ame y de esa sonora soledad especial en que resuena el tañido de todas las campanas. En una sociedad desrealizadora y enrasante, en la que resulta cada vez más arduo comunicar a un oyente desinteresado un estado de ánimo, busca afanosamente la sensación de cada día. " Mi intimidad - ha escrito - no se agota en mí solo. Quizá sea que mi corazón no sea algo que yo abarque, sino algo que me abarca: inasible, nutricio, inmensuarable." Consigue así el gran milagro de la literatura: que, escrita para muchos, parezca dirigirse a uno solo, a cada uno.


¿Quién te dijo que sí? ¿Qué filo frío,
corazón, te ha segado la cimera?
¿En qué pozo de lodo sin ribera
estancaron el agua de tu río?

Con palabras de burla y desafrío
al alba te arriaron la bandera:
la soledad será tu compañera
por la noche cerrada del desvío.

¿Para qué el hondo cielo; los azahares,
la verde trama de los olivares
si no sabes qué hacer con su alegría?

Si te quieres morir y no te mueres,
y mientras viene el día sólo quieres
a quien dijo que sí que te quería


Sonetos de la Zubia



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7 de julio de 2011

Noches de Gala


- Porque queremos genios en vida. Quédate. Aún sobran las razones -


ESPECIAL | ANTONIO GALA


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