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- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


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16 de marzo de 2011

Dalí, Liébana y el Surrealismo | Parte VI




Buscar una lógica al universo de Ginés Liébana es una empresa de titanes. Un cuadro, un dibujo o un texto de este genial creador tienen la clave pero no la desvelan; es más, la acrecientan. El propio Liébana -el de antes, el de ahora, el de siempre - es la respuesta a la sorpresa, a la emoción, al escalofrío que transmite su obra. Y así se cierra el círculo.



¿Dónde está, por tanto, la explicación a todo esto? Por una parte en la ciudad en la que se hace artista, Córdoba, y de otra en el mismo creador que absorbe lo que nadie percibe de una ciudad que, como la buena lluvia, cala hasta los huesos. Ginés se enamora de ella, se pelea, se vuelve a reconciliar, la mira con distancia, pero nunca la desdeña. Siempre la tiene presente, desde una arista o desde otra, porque sabe que nunca defrauda.




Liébana abre los ojos a la vida en plena devoción por el absurdo. Son los años en los que Gómez de la Serna oficia una liturgia que es realidad viva en el entorno del niño Ginés: son las corridas de toros improvisadas con cuatro carros en la plaza del pueblo, la Semana Santa en la que el ingenio suplía al arte. "En Valenzuela sólo había tabernas y entierros", describe para explicar que "la gente inventa cuando no tiene dinero" y sin saberlo está desarrollando un programa estético que alcanzará la cumbre cuando "lo dramático se convierte en festín".El dolor del sepelio de flores contrahechas ahogado en aguardiente y la dignidad del borracho que llega erguido a su casa y se desploma en el portal porque no puede fingir más.


Este ámbito en el que se desenvuelve Liébana oscila entre lo rabiosamente popular y lo refinadamente culto, entre las exclamaciones salidas del alma de la chacha Clementina y la poesía de Góngora o de Juan Ramón. Ginés disfruta- y aprende - tanto en la bulla de una procesión como ante un Juan de Flandes. Es el momento de la nueva sociedad que se desespereza del aburrimiento decimonónico y busca el truque de una dama de Madrazo por una joven de Rafael de Penagos.



Pero el artista campa a sus anchas en una Córdoba que se le ofrece lujuriosa. Juega con ventaja, porque se define a sí mismo como el cateto que descubría todo frente a los elegantes cordobeses que vivían en el ensimismamiento permanente, ajenos a lo que se cocía a su alrededor. Ginés lo mismo podía revolucionar a sus compañeros de clase en Cultura Española que quedar arrobado ante los ángeles lampadarios de la iglesia de la Trinidad. Sentado en un banco veía cómo sus alas de desplegaba irisadas y sus grandes botas quedaban flotando en una atmósfera que mezclaba el olor del incienso con el de la cera recién apagada y los alhelíes que se mustiaban fragantes junto al Santísimo. Estos ángeles fueron incorporados inmediatamente al bajaje liebanita y desde entonces los reconocemos como banderilleros, futbolistas, jinetes o motoristas. Es la inculturación de lo divino.


Después vendría Cántico, la hazaña de la isla independiente, y también los viajes por medio mundo, donde lo mismo hacía de embajador de Córdoba que de cosario para regresar consu sempiterno macuto cargado de sensualidad brasileña, refinamiento veneciano o vacunado contra la indiferencia parisina. Éste es el momento del Liébana total, del que abre su corte en Madrid como escuela de lo diferente, de lo inimitable, de lo siempre presente y nunca advertido.






Lo que no se ha buscado aflora con naturalidad. El proceso creativo, que jamás fue considerado como un trabjado sino como una forma de expresión más, adquiere nuevas texturas y se enriquece hasta con lo más insignificante. Las reglas del juego siempre fueron para Liébana tan claras como saber que tenía que actuar en consecuencia y con sobriedad. En este estado llegó el momento de cruzarse con Salvador Dalí. Era 1972 y el pintor catalán tenía el cetro del absurdo, algo que ya le era muy familiar a Ginés. Del encuentro quedó una fotografía y un autógrafo del de Cadaqués al "más moderno i moderno monárquico español", que ahora se conserva en un lugar casi secreto y que en el fondo es también una obra de arte. Absurda, por supuesto.


Jesús Cabrera




ARTISTAS SURREALISTAS


"Esta noche he soñado contigo, pero eras diferente... mírate, mirémonos, nos rodea la esencia de la decrepitud..."






Viajando en el tiempo no nos resultaríamos mucho más diferentes que en el período de entreguerras, en lo relativo a lo que debería ser lo más importante: nosotros mismos. No sabemos lo que nos va a deparar el futuro, la decadencia social nos distancia de lo que somos, lo que hacemos y sentimos de la vida. Y lo único que nos queda es un mundo que siempre nos acoge en un abrazo sedante, cuando queremos vivir en las sombras, cuando queremos reconstruir y hacer real ese mundo que nunca será. Es entonces cuando nos disponemos a soñar o dejamos a nuestro propio cuerpo hacer sin más un sentido irracional de la vida. El testimonio creativo más puro de esa época se representa a través de las obras de dos figuras; uno de los más importantes artistas del siglo pasado, coincidiendo con otro de éste en que vivimos: Dalí y Liébana. Su coetaneidad se demuestra atendiendo a las impecables técnicas de dibujo de Dalí, las que desarrollaron gran influencia en las vibrantes ilustraciones de Liébana, antes incluso de su encuentro en 1972.


Las claves de lo que se reconoce hoy día como arte contemporáneo se desarrollaron en el surrealismo, en las obras de estos artistas, que aunque sobre soportes tradicionales, acogen en sus trazos el onirismo más intenso y valiente. Relatos de dos maestros unidos por la más bella sabiduría nos desvelan sus propios sueños, aquellos de un tiempo en el que la recreación de un mundo paralelo era la única salvación posible.




La comparativa de esa situación y la actual la realizan paralelamente una selección de jóvenes artistas, retomando las bases surrealistas e interpretando la recreación de una nueva realidad a partir de situaciones oníricas. Las técnicas se diversifican desde los asiduos óleos, acuarelas, hasta la fotografía, escayola, la tinta de una pluma o la escala musical.



Disfruta, regocíjate, alégrate, recréate... Los límites de la imaginación están en la capacidad que nos ofrecen nuestros sueños de vivir en ellos.

María Luisa Ortega

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11 de marzo de 2011

Dalí, Liébana y el Surrealismo| Parte V


Villa del Río irrumpe de nuevo en la escena cultural con una exposición que recupera uno de los movimientos clave de las vanguardias artísticas del siglo XX, el surrealismo, de la mano de dos de sus representantes mayores: Salvador Dalí y Ginés Liébana. La Casa de las Cadenas de la localidad acoge desde hoy una muestra que establece un sugerente diálogo entre los dos artistas e incorpora en una sección paralela propuestas de siete creadores jóvenes (pintura, fotografía, escultura...), menos conocidos pero también contaminados por el virus surreal:

- Miguel Ángel Moreno Carretero
- Enrique Sánchez Collado
- Marcelo Quevedo Mercado
- María Luisa Ortega Ramos
- Jesús Leirós León
- Ana Morales
- Censi Martín





Entre el pintor de Figueras y el de Torredonjimeno se establece un diálogo "sublime". La más urgente conclusión que puede sacar el espectador "es la evidente influencia de Dalí en Liébana". Pero hay mucho más. Un enfoque sobre la creación artística que comparte numerosos elementos, rasgos, obsesiones y fobias. Una tendencia a la incorporación de elementos oníricos y una deriva hacia la irrealidad que rápidamente se identifican con los modos surrealistas. La Fundación Gala-Salvador Dalí ha cedido un libro en el que pueden contemplarse algunos ángeles del artista catalán. El ángel, como es sabido, se convertirá en uno de los símbolos fundamentales de Liébana, un referente que está presente a lo largo de toda su trayectoria con los más diversos tratamientos y significados.

Estamos, pues, en un territorio de diálogo en que se aprecian trasvases y contagios pero también coincidencias, preocupaciones compartidas y una actitud similar ante la creación artística. Al principio, Liébana expresa su surrealismo sobre todo como ilustrador de libros, pero evoluciona, rompe con algunos códigos y empieza a realizar extraordinarios óleos surrealistas en los que hay poesía, sentimientos..., de todo que destaca la generosidad que, una vez más, ha mostrado el artista de Cántico a la hora de colaborar con esta exposición, que recupera en su cartel una fotografía del año 1972 en la que aparecen los dos creadores.


"Teoría de una catástrofe". Jesús Leirós (2011). Detalle.

"El pintor catalán -escribe Jesús Cabrera en el catálogo de la exposición- tenía el cetro del absurdo, algo que ya le era muy familiar a Ginés. Del encuentro quedó una fotografía y un autógrafo del de Cadaqués al 'más moderno y moderno monárquico español', que ahora se conserva en un lugar casi secreto y que en el fondo es también una obra de arte. Absurda, por supuesto".

Patrocinadores: Excmo. Ayto. de Villa del Río, Diputación de Córdoba, Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí

Colabora: Fundación Gala- Salvador Dalí
Fuente: El Día de Córdoba


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10 de marzo de 2011

Dalí, Liébana y el Surrealismo| Parte IV


"...La mano que sostiene al mundo él no la conoce. Por eso a veces insiste en que en la intensidad de su creación se basa en el ritmo que acompaña a sus días. Y lo hace de la mano de sus infinitas musas, todas volátiles como los arcángeles vaporosos que siguen esperando un Apocalipsis quedo y elegante. Se fía de ellas mientras a ciegas avanza atravesando bosques de colores y azucenas derretidas.

Ginés convive consigo mismo. Es su propio hermano, su vecino, su hijo y su Dios. En la atmósfera que habita en su estudio se pueden oler los distintos estados de ánimo de sus cuadros. Algunos bostezan por no ser retocados con su pincel alegre, otros gritan a la vez que posan ingrávidos. Como Laocontes desesperados pero jamás rendidos. Reconoce las grietas que acosan su vuelo parado. Y en constante vigilia las rodea como un torero-niño que no quiere parar de jugar. Así es él. Surrealista, sublime, portentoso, trabajador agonizante y de una humildad que roza lo absurdo. Liébana es el adjetivo por el cual las palabras se enzarzan en peleas parasigmáticas. Surrealista y vivo. Más que vivo, ¡vivificado!..."
En una ocasión le pregunté cuál era el secreto para permanecer tantos años en activo. Él, con su característica manera de contestar a mis ocurrencias me contestó: "Debes entretener a los dioses. Pero no todo el mundo sabe. ¿A ti quién te ha enseñado?" De una forma sutil me hizo entender que ya participaba en su juego de tertulia balsámica. "No sé. Nunca lo he pensado". Con una carcajada que casi le rompía el pecho me miró ensimismado. "Claro que sabes; no estarías aquí si no supieras engañarlos a todos". No me atreví a rebatirle. Seguí mirándolo como el niño que mira por primera vez su reflejo. Sabía que esta lección la debía de aprender por mí mismo. Y así lo hice. De pronto se levantó y puso música brasileña. Preparó dos tostadas con aceite y queso.


"¿Sabes? Los dioses odian a los artistas. Nosotros tenemos un lenguaje que ellos no entenderán jamás. Pero debemos ser cautos y evitar llamar su atención ensimismados en una obra. Nunca insistas. Abandónala pasando desapercibido y retómala con el tiempo. Al fin y al cabo ellos también fueron alguna vez humanos y pecan de vanidad. Les gusta acapar todas nuestras horas. Toma, ahora come."

A la vez que pegaba pequeños mordiscos a la tostada miró al techo esperando alguna señal divina. Y de pronto la música se paró. De un salto tiró un pincel hacia el tocadiscos y la música siguió sonando y a mi parecer con más fuerza que antes. Sonreí y dijo sentencioso: "La música, y sobre todo la brasileña, también es celosa y necesita que la acariciemos de vez en cuando".


Fragmento de "Las horas serenas" (2011)


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9 de marzo de 2011

Dalí, Liébana y el Surrealismo| Parte III

Ángel esperanzado (1954)


Dalí siempre supo que tenía la obligación de hacer historia. Su propio nombre, Salvador, fue una de las máximas pruebas que utilizó para demostrar que era su deber rescatar al propio arte de las manos de lo que él llamaba "arte contempoerróneo". Su padre era un notario insigne dentro de la burocracia catalana de principios de siglo y quiso que su hijo siguiera sus pasos. Pero el argumento parecía estar ya escrito y Dalí reclamaba desde joven su particular trono de genio universal. Para ejemplo qué mejor que recordar el episodio que protagonizó en el examen final de la carrera de Bellas Artes en Madrid cuando el presidente del tribunal sacó tres bolas al azar y le dio a elegir una. Cuando la abrieron le mostraron el nombre del autor que debía defender ante todo el auditorio; fue Rafael, su artista favorito junto a Velázquez y Vermeer; Dalí se levantó y les dijo sin el menor indicio de nerviosismo:

" ¡Lo siento señores! Compréndame pero me es imposible que les hable de Rafael a ustedes. Y es que sé tanto sobre Rafael que ni uniendo la sapiencia de todos ustedes podrían superarme. Adiós."


Son muchos los que pagarían por ver la cara de incredulidad que se les quedaría a los profesores allí presentes. Pero yo sí animaría a que invirtiéramos parte de nuestras pequeñas fortunas en ver sus muecas ya en los años 30 cuando Salvador Dalí era sinónimo de mito viviente, de un loco de Cadaqués dispuesto a reinventar el pensamiento de un siglo mutilado entre dos guerras.

Y es que el surrealismo en Dalí nace aquí precisamente. De un periodo concreto, de dos guerras mundiales que dejan sin rumbo a millones de personas y que consiguen hacer apetecible un nuevo acercamiento del humanismo a las ciencias exactas. En este caso a la física cuántica, a las matemáticas y al psicoanálisis. En definitiva, a la era atómica de Einstein y a la freudiana.

Autógrafo de Salvador Dalí para su alumno y amigo Ginés Liébana (París, 1972)

A parte de sus obsesiones con la castración, su síndrome de Edipo y la putrefacción, Dalí quiso unir la ciencia con el arte en una comunión exacta y a la vez bella, tal y como lo haría un Da Vinci en la actualidad. La obra de Dalí refleja las principales teorías y descubrimientos científicos que vertebraron el siglo XX. Incluso su firma se inspira en una imagen científica. La corona líquida es la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche. El ingeniero norteamericano Harold Carton produjo esta imagen en 1936. Dalí la usa por primera vez en 1938 y nunca la abandonará. La ciencia le acompaña toda su vida.


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8 de marzo de 2011

Dalí, Liébana y el Surrealismo| Parte II

André Bretón

El surrealismo proviene del francés por dos grandes razones: etimológicamente y porque de allí salió la primera figura artística surrealista de la historia. Nos referimos al poeta André Bretón. A pesar de que muchos han querido interpretar a este movimiento como una corriente que está "por debajo de" lo que se entendería por normal, lo estático...los galos emplean el prefijo "sur" para referirse a algo que está "por encima de"; en este caso de la realidad. Por lo tanto se desprende la idea de que hablamos de una corriente artística que tuvo su repercusión en diversas artes y que todas se centran en un abandono de lo convencional para que, una vez destilado el propio subconciente, emerja una, o varias, nuevas visiones válidas y que representen de una forma más precisa las inquietudes vitales.

La primera exposición surrealista se celebró en la Galerie Pierre de París en 1925, y en ella participaron artistas como André Masson, Picasso, Man Ray, Joan Miró, etc. que que después se separarían del movimiento o se mantendrían unidos a él adoptando únicamente algunos de sus principios. A ellos se sumó más adelante el que sería su gran figura: Salvador Dalí.

  • Nuestro primer protagonista será René Magritte. Belga conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada que tenemos de la realidad y obligarnos a hacernos hipersensitivos a su entorno. Magritte dotó al Surrealismo de una carga ideológica basada en el juego de imágenes ambiguas, como también lo haría Dalí, y su significado a través de palabras. Así conseguía que naciera la controversia entre la relación matenía el objeto pintado y el que observamos directamente en la realidad.

Mujer ante el espejo (1952)

  • Joan Miró a parte de pintor, fue un gran escultor, grabador y ceramista. Sigue siendo considerado como uno de los máximos representantes del surrealismo y en su obra reflejó su interés en el subconsciente, en lo "infantil" y en España. En un principio mostró fuertes inclinaciones a derivar en otros estilos debido a su gran obsesión por analizar el mundo de los sueños. Manifestó su deseo de abandonar los métodos convencionales de pintura, en sus propias palabras de "matarlos, asesinarlos o violarlos".

Mujer reflejada (1943)

  • Las relaciones entre Picasso y el Surrealismo fueron especialmente complejas, porque a pesar de que el malagueño nunca quiso una adscripción formal al movimiento, éste si que fue considerado por el nombrado Bretón como pilar en sus primeras teorías surrealistas. Esto no gustaba nada a Pablo. Él reivindicó de por vida su gran independencia artística en su titánica producción de más de dos mil obras repartidas por medio mundo. Pero el contrapunto de esta sobreproducción se observa en que roza casi todos los movimientos pictórico-artísticos del siglo XX, muy a su pesar.

Muchacha ante el espejo (1932)


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7 de marzo de 2011

Dalí, Liébana y el Surrealismo | Parte I


En cinco días Villa del Río tendrá el honor de acoger una de las exposiciones más ambiciosas de cuantas completan el calendario cultural en el panorama nacional. Se trata de la primera exposición conjunta entre Salvador Dalí, padre y máximo símbolo del surrealismo mundial, Ginés Liébana, alumno del anterior y recién galardonado con la Medalla de Oro de las Artes y de Andalucía, y jóvenes creadores surrealistas de diversas disciplinas como la escultura, literatura, pintura, dibujo y música entre los que tengo el gusto de incluirme.

El próximo 11 de marzo en la Casa de las Cadenas de Villa del Río tendrá lugar una fecundación cruzada entre un Dios Supremo de la historia del arte que ya no está entre nosotros, otro que ya es vanagloriado hoy en día como el mejor retratista surrealista de la posguerra en toda Europa y los que acabamos de llegar sin saber muy bien qué hacer. Y así se consigue algo maravilloso a la vez que estremecedor: el escultor dará al pintor las notas musicales que el pianista no consigue dibujar. Todos contaminándonos del otro. Como si al abrigar al prójimo con nuestra visión artística de un mismo concepto estuviésemos más arropados todavía.

A parte de los fantásticos óleos, la propia Fundación Gala-Dalí se ha puesto en contacto con Antonio Lara, director creativo del esperado evento, para ofrecernos uno de los cien libros que hay en todo el mundo sobre la cosmovisión de Dalí y el Arte Español. Contamos además con exclusivas joyas y esculturas originales gracias a colecciones particulares que han querido participar en este grandioso proyecto.
Por eso durante esta semana dedicaremos toda nuestra atención al Surrealismo. Algo así como un buen aperitivo para una comida que, como los comensales, será insaciable.

¡Bon apetit!


http://www.youtube.com/watch?v=16Qph33alXM&feature=related


DALÍ, LIÉBANA Y EL SURREALISMO
20 horas
11 de marzo de 2011

Casa de las Cadenas
C/Blas Infante s/n
Villa del Río (Córdoba)

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