Prueba
- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


Prueba

14 de abril de 2012

Si tengo un hijo


Si tengo un hijo quiero que sea como yo. Eso implica ser de compostura afrancesada, aborrecer la ducha por la mañana, adorar el cine clásico y poner siempre orégano en la pasta. Deberá creer en su Dios y dogmatizar todo lo que él vea amable. Nunca confiará en la guerra ni en aquello de que los que mejor te quieren te harán llorar... Mi hijo no tendrá mi nombre pero hablará por mí. Sin palabras. Caminará por mí sin moverse y cantará las canciones que yo no conozco. Él tendrá el idioma que quiera y el amor que necesite. No al revés. Si tengo un hijo no quiero que tenga todo lo que yo no tengo. Sólo quiero mirar a sus ojos y saber que tras ellos está mi carnet de identidad, mi sangre sin etiquetas, mi eternidad sin apellidos.

                                      Todos los derechos reservados. Jesús Leirós 2011 © Publicado por Jesús Leirós León en 14.4.12

13 comentarios:

Maria del Mar García dijo...

Sensibilidad en estado puro

Whose dijo...

PADRAZO!

Miguel dijo...

Qué ganas de que vengas ya a la Carlota!

Rafa Fernández dijo...

Sin etiquetas, y sin sangre que vaya por las venas deseando salir disparada.

redcorn dijo...

El niño ese no esta mirando ESTÁ ACUSANDO!

Evoca2 dijo...

Si tengo un hijo sería de un padre como tú! No te vayas a comprar tabaco que los que son como tú con la cosa de ser bohemios....

Ulises24 dijo...

Aprender puede aprender el idioma que le de la gana ahora q despues lo entienda y lo entiendan.....

Sanchis dijo...

Hay que ser buen padre si has sido buen hijo???

Rafi Castro dijo...

Maravillosa reflexión.

Doctor No dijo...

Y por qué no una hija? O mellizos?

Urquiola dijo...

Un padre siempre merece hijos no mejores sino que esten por lo menos vivos, osea libres.

(*BoHèMe*) dijo...

Gracias

elmudo dijo...

Yo seguramente tengo un hijo, pero nunca me voy a enterar. No tendrá ni mi ADN ni mis apellidos, pero seguro que está por ahí cerca, mirándome continuamente y aprendiendo de lo que hago; no porque deba hacerlo por ser mi hijo ni porque nadie se lo mande: porque siente placer viéndome actuar, porque mis maneras le gustan. No dice nada porque no hace ninguna falta, ni yo le digo nada porque ni siquiera sé de su existencia.
Yo creo que tengo un hijo al que no me ata nada, ni siquiera la paternidad. A mí me parece bien, porque lo único que yo hubiera querido enseñarle es precisamente la libertad