Prueba
- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


Prueba

29 de junio de 2011

Think Pink!


Lo he pensado mal
y voy a hacerme un abrigo con tu piel.
Será de cocktail
para las tardes del noviembre madrileño.
Todos querrán probárselo
pero yo me negaré.
"Es mi luto" - les diré con la mirada entreabierta - "y ya tengo comprador".

Me ha salido caro, sí
pero al fin y al cabo
lo que interesa es la rentabilidad máxima.
Es un antropófago
que vive de irrealidades siderales.
Se delata por las comisuras.

¿Lo vendo o no?
Venga, corre, contéstame con la mirada.
Sí, aunque sea con los ojos abiertos
que yo te entiendo.

Resulta más fácil ahora que nos distancia
un mundo de destinos enlutados.

"Si lo vendes hazlo bien, como a mí me gusta:
con clase y a lo grande" - me reclamas.
"Ya no me conformo con titanes de humo.
Ahora quiero lo que siempre quise"
Tu sentencia nunca puso ser más justa. A tu pesar.


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27 de junio de 2011

Totus Tuus!


- Gracias por brindarme día a día la mejor lección -


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20 de junio de 2011

La gran heroína


La historia de Irena Sendler está repleta de heroísmo con proporciones casi míticas. Sin embargo, ha estado extraviada entre los pliegues del tiempo durante más de medio siglo. Desconocida y oculta de manera inexplicable para la mayoría de la gente, como un tesoro antiguo esperando a ser descubierto. Pero las luces de Hollywood se proponen ahora que todo el mundo conozca la vida de esta trabajadora social polaca, que durante la ocupación alemana de su país salvó la vida de 2.500 niños judíos, sacándolos a escondidas del gueto de Varsovia frente a las mismísimas narices de las tropas nazis.

Si tomamos como referencia La lista de Schindler, donde Steven Spielberg contó la vida de Oscar Schindler, el industrial alemán que evitó la muerte de 1.000 judíos en los campos de concentración, el éxito de la producción cinematográfica parece asegurado. El filme de Spielberg, aclamado por la crítica, consiguió siete Oscar en 1993.

Mientras la figura de Oscar Schindler era aclamada por medio mundo, Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de oscurantismo comunista habían borrado su hazaña de los libros de historia oficiales. Además, ella nunca contó a nadie nada de su vida durante la II Guerra Mundial, era muy discreta y se limitaba a hacer su trabajo y a ayudar a la gente. Ésta es la verdadera actitud de los grandes hombres y mujeres que cambiaron el mundo sin más pretensiones que hacerse cada día más humanos.

Sin embargo, en 1999, su historia empezó a conocerse. Y fue, curiosamente, gracias a un grupo de alumnos de un instituto americano de Pittsburg (Kansas) y a su trabajo de final de curso sobre los héroes del Holocausto. En su investigación dieron con algunas referencias sobre Irena Sendler en revistas especializadas y con un dato asombroso: había salvado la vida de 2.500 niños. ¿Cómo es posible que apenas haya información sobre una persona así?, es lo que nos preguntamos todos los que queremos honrrar la valía de los verdaderos héroes. Anónimos que hacen del mundo un lugar más amable.

Ahora parece casi inevitable que pongamos en tela de juicio el valor del máximo galardón concedido a los grandes héroes de la paz. Con la vista puesta en Oslo, que es donde se concede este premio, la organización Nobel no pareció estar dispuesta a concederle tal reconocimiento y ahora que ha muerto es absolutamente imposible pues prescinde de los títulos póstumos. ¿Qué habría sido necesario pare rendirle su justo tributo? ¿Que no hubiese sido mujer o que hubiese llegado a la presidencia de los EEUU?

Una vez más, los grandes entre los grandes se diluyen entre el imaginario colectivo para que poco a poco caigan en el olvido de la gran mayoría. Pero no de los pocos que confiamos en el verdadero arte de hacer el bien a cambio de nada. Por mi parte, se ha ganado mi aplauso, mis condecoraciones y toda mi admiración. Una mujer que tenía que haber engrosado mi lista de Mujeres con Talento y que ahora me arrepiento de no haberme topado con ella antes. Donde quieras que estés tu leyenda resucitará a partir de hoy más que nunca.


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15 de junio de 2011

Invitado de honor


En un lejano pueblo de Albania, vivía el más importante e influyente sacerdote de aquellos tiempos, un hombre simple de una sabiduría nunca vista y una sensibilidad poco común.

Cierto día, llegó al monasterio donde vivía una invitación para ir a cenar a la casa del más rico de los hombres del reino. El sacerdote, que casi nunca salía de sus habitaciones, decidió que no podía seguir siendo descortés con su anfitrión y aceptó su invitación.

El día previsto para la cena, a pesar de la tormenta que se avecinaba, decidió montar en su carruaje y conducir hasta la mansión del hombre rico. Unos quinientos metros antes de llegar a la casa, un trueno asustó a su caballo y un brusco relámpago lo hizo alzarse a dos patas, arrojando el carruaje a una zanja y al sacerdote con él.

El hombre se incorporó como pudo y se ocupó en calmar al animal, acariciándole el lomo y hablándole suavemente en la oreja. Luego se miró. Estaba completamente sucio por el fango, la mugre y las hojas sucias. Pero como estaba mucho más cerca de su destino que del monasterio, decidió ir allí y pedir algo de ropa para cambiarse.

Cuando golpeó la puerta de la mansión, un pulcrísimo mayordomo abrió y, al verlo con ese aspecto, le gritó:

-¿Qué haces aquí, pordiosero? ¿Cómo te atreves a golpear esta puerta?

-Yo vengo... por la comida de hoy- respondió el sacerdote.

-Vaya poca vergüenza - dijo el mayordomo -. Las sobras estarán listas mañana, y si algo queda, cosa que dudo, debes pedirlo por la puerta de servicio. ¿Comprendes?

- Usted no me comprende- intentó explicar el visitante-. Es que yo no vengo por las sobras...

- Ahhh - se burló el mayordomo-. ¿No pretenderás pasar a sentarte a la mesa de los señores?

- Bueno...justamente...

No llegó a terminar la frase porque el dueño de la casa apareció a preguntarle a su mayordomo qué estaba pasando.

- Nada importante, patrón; es sólo que este mendigo pretende que le dé las sobras de la comida antes de que se haya servido la cena... Le he dicho que se retire, pero no deja de insistir.

- Pues que se retire inmediatamente... ¡Mira cómo está ensuciando la entrada! ¡Qué horror!... Justo hoy. Llama a la guardia y, si no se va, ¡que suelten a los perros!

A empujones y patadas echaron al pobre sacerdote a la calle, amenazado por una decena de perros furiosos que ladraban mostrando sus afilados dientes.Como pudo, el hombre se montó al carro y regresó al monasterio.

Una vez en su cuarto, después de lavarse las manos y la cara, se dirigió a su armario y sacó de allí una lujosa capa de oro y plata que le había regalado un año atrás justamente el dueño de la casa de la que lo habían echado.

Enfundado en la prenda, volvió a subirse al carro y esta vez llegó sin contratiempos a su destino.
Volvió a golpear y el mismo mayordomo le abrió la puerta. Esta vez le hizo pasar con una reverencia.El dueño de la casa se acercó y saludó inclinando la cabeza.

- Excelencia - le dijo-, ya estaba pensando que no vendría...¿Podemos pasar? El resto de comensales están esperando...

-Claro - dijo recién llegado.

Todos se pusieron de pie al verlo entrar y no se sentaron hasta que el hombre de la imponente capa tomó asiento, a la derecha del anfitrión.Sirvieron el primer plato. Una especie de sopa de verduras que, a primera vista, parecía muy apetitoso.

Se hizo una pausa y todas las miradas se posaron en el sacerdote, quien en lugar de brindar con una oración o empezar a comer como todos esperaban, estiró la mano por debajo de la mesa y tomando la punta de su lujosa capa entre los dedos, comenzó a mojarla en la sopa. En un silencio inquietante, el sacerdote le hablaba a su capa diciéndole:

- Prueba la comida, mi amor... Mira qué sopa tan riquísima... Mira esta cucharadita... ¿Y este caldo tan bueno? ... Come mi amor, come...

El dueño de la casa, después de mirar para todos lados buscando una respuesta al comportamiento de su huésped, se atrevió a preguntar.

- ¿Pasa algo, excelencia?

-¿Pasar? - dijo el sacerdote - No. No pasa nada. Pero esta cena nunca fue para mí. Cuando llegué sin ella hace un rato, me echaron a patadas. Está más que claro que la invitada es esta capa.


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12 de junio de 2011

Sobre la tolerancia


Al diccionario más que a patadas, a veces lo tratamos como verdaderos expertos en sadomasoquismo. Y lo peor de todo es que la mayoría de las veces lo hacemos de forma inconsciente. Como salidos de un redil lingüístico dirigiéndonos al prado que es la sociedad parlante. Es el caso de las palabras biensonantes, las más perniciosas de todas.

Hay muchas de estas palabras que me resultan desagradables desde hace tiempo a pesar de que son utilizadas día sí y día también por todos los que intentan hacer de este mundo un lugar más habitable. Tolerancia es la primera de ellas. Me pareció engañosa su significado en miles de discursos, campañas en pro de los derechos humanos, en mítines políticos y en lemas de ONGs. ¿Qué es realmente la tolerancia? Un primer acercamiento sería el de una actitud de respeto a conductas, pensamientos o hechos que en nada se parecen al nuestro, que no entran dentro de nuestra jerarquía de valores, que desaprobamos pero aun así, los aceptamos como válidos. Podríamos decir por tanto que es una actitud que es aprendida, o lo que es lo mismo: que no es innata.

Me resulta curioso el uso que hacemos de esta "bonita palabra" para referirnos a los grupos en peligro de discriminación social como pueden ser la comunidad gitana o rumana hoy en día o los de raza negra en la Sudráfrica post-Apartheid: "Hay que ser tolerantes con ellos". Eso implica que de primeras no nos gustan, que los vemos diferentes pero hacemos un esfuerzo y vale, aceptamos pulpo... ¿Acaso no es esto alarmante? ¿Qué podemos esperar de una sociedad que disfraza de humanidad una actitud totalmente repugnante? Yo digo no a la tolerancia, alto y claro. Y en cambio digo sí a la naturalización de los sentimientos, a aceptar la verdadera libertad del hombre. Sí a la creación de una actitud que sea verdaderamente limpia, que no necesite de esfuerzos para hacer la vista gorda y entonces caminar juntos de igual a igual. No, eso lo sabe hacer cualquiera. No se trata de aceptar todo porque eso tiene dos nombres: anarquismo o ignorancia. En cambio, una mirada crítica libre de prejuicios, libre de imposiciones versallescas.

El lenguaje mal utilizado es un arma de triple filo y todos son cortantes.


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9 de junio de 2011

Operación Mantecón


Como en el arte fue el estilo mudéjar, en la literatura fue la picaresca. Ambos nos vanaglorian como inventos puramente españoles. Sólo que ésta última dejó de ser un simple género para convertirse en una de las referencias obligadas para entender nuestra idiosincrasia.

Y claro, como expertos suicidas históricos que somos, hemos vuelto a demostrar nuestro saber estar. Sí, señor. Ésta vez celebrando el ciento treinta aniversario de uno de nuestros escritores más laureados y trascendentales de nuestra lengua: Juan Ramón Jiménez Mantecón. Ahora resulta que éste andaluz universal tiene poco que decir, menos que contar y por supuesto casi nada que redescubrir. O eso nos hacen creer. Porque si no, no entiendo de dónde sacan tanto tiempo, dedicación y subvenciones en esmeros tan inconsustanciales como el que hoy ha salido a la luz.

Y es que después de varios años de investigación acaban de descubrir unos archivos que ponen de manifiesto la clara relación que mantuvo un Juan Ramón Jiménez elegantísimo de diecinueve años con varias novicias jóvenes. En especial con la hermana Pilar, que acababa de cumplir veinte años y a quien llamó "Mi Venus de Milo". El informe recoge también los escarceos que compartía con la hermana Amalia Murillo Arín que suscitaron numerosas habladurías consiguiendo que la madre superiora ordenase su traslado a Barcelona para acabar con esta situación. La despedida entre el poeta y la novicia nunca se produjo y se sitúa en la primavera de 1903, mientras JRJ estaba en su habitación ensimismado con sus clases de alemán. Nunca perdonó que no le avisaran para siquiera despedirse de ella: su primer gran amor.



No seré yo quien menosprecie el valor de los investigadores que han llevado a cabo esta exitosa labor de documentación. Ni muchísimo menos. Lo valoro y lo aplaudo hasta que me nazcan llagas de las manos. Pero no comprendo cómo puede eclipsar este hecho la celebración de un gigante como Juan Ramón. "Así es España..." se contentan con decir algunos en foros literarios. Pues yo digo que no. Rotundamente. Que así serán algunos, la mayoría, de acuerdo. Pero casi siempre lo que hacen muchos se llama normal aunque sea lo que más lejos esté de ser "normal". ¿A mí qué me importa con quién se acostara?, ¿si ella llevaba hábito o cofia? Lo que me interesa con respecto a este descubrimiento (aunque tiene más claroscuros que "La muerte de la Virgen") es saber qué poemas de los que ya conocemos podrían atribuírsele a estas novicias, o una reestructuración de su obra, etc...

Desde aquí rompo una lanza a favor de mi dandy andaluz por excelencia, ahora maltratado por el amarillismo de esta Hispania quebradiza, y me contento con creer que sé qué poesías son las que dedicó a ese amor prohibido y santificado. Las he leído desde siempre pero ahora las entiendo, sin parangón, con mayor vehemencia:


Tengo en mi mano, que ella apretó esta tarde,
como el recuerdo triste de una lejana rosa,
a veces, no sé cuándo ni por qué, huele a ella,
entre sus dedos pálidos yerran otros de sombra.

¡La mano de ella! Mano brotada de su vida
como la flor de una primavera de gloria
que tiene los luceros, el color y el rocío
de no sé qué doliente y enamorada aurora.

¡Su olor es de ella!, una seda blanca que oliera...
una espuma que fuese carne... carne mimosa
que tiene cual la carne de dentro de sus muslos
la suavidad de lo que casi no se toca...

JRJ



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6 de junio de 2011

Davis Vs Crawford


La gran Bette Davis fue una de las mejores actrices que trabajaron en Hollywood y, por ende, del mundo del cine. Conocía a la perfección lo que era ser una estrella. Trabajó muy duro para demostrar su calidad de actriz porque era perfectamente consciente de que no podía esperar nada de su físico. Ganadora de dos Oscar cuando todavía no había cumplido los treinta, Bette levantaba por sí sola la calidad de una película.

No es cierto que su especialidad fuese interpretar mujeres fatales, que también, pero sus grandes películas siempre tuvo un lugar de Belcebú demoníaco. Y sí, Bette tenía una personalidad muy fuerte para dejarse vencer fácilmente, aunque tuviera que compartir la escena con un gran actor, sabía que con sus ojos inmensos dominaba la pantalla y hacía eclipsar a los demás cuando aparecía en plano. Bette fue de las pocas mujeres que fueron conscientes de su edad: aún así luchó denodadamente para conseguir los mejores papeles.

En los años cuarenta y cincuenta se creó una fuerte rivalidad entre ella y Joan Crawford, que llegaba a los insultos y a las peores descalificaciones de su rival siempre que le preguntaban sobre ella. A drede, claro está. Cuando el director Robert Aldrich tuvo la genial idea de juntarlas para la película "What ever happened to Baby Jane?" (1962), la rivalidad entre ellas fue lo mejor, porque en realidad no estaba actuando, sus peleas no podían ser más reales.

Miss Davis decía las cosas tal y como las pensaba, sin temor a herir los sentimientos de quien fuera. De hecho, cuando se enteró de que su nuevo cuñado se estaba recuperando del alcoholismo, le mandó una docena de cajas de licor como regalo de boda. Cuando estaba promocionando "¿Qué fue de Baby Jane?, Bette le confesó a un periodista que cuando se le dijo a Jack L. Warner (propietario de la Warner Bros), quiénes iban a ser las dos protagonistas femeninas de las película, éste respondió: "No daría ni un duro por ninguna de esas dos viejas p....". Bette Davis se reía del comentario. Pero, a la mañana siguiente, recibió un telegrama de la Crawford: " A partir de ahora, cuando hables de mí, no me llames vieja p....", creyendo que había sido Bette quién había hecho el comentario a Warner.

Cuando filmaron Baby Jane, Bette hizo instalarse en el plató una máquina de Coca-Cola, a sabiendas que Joan Crawford estaba casada con el jefe de la Pepsi. Joan se vengó de Bette colocando piedras y otros objetos pesados en los bolsillos de su ropa, porque hay una escena concreta de la película en la que Bette tiene que arrastrarla por el suelo.

Declaraciones de Bette Davis sobre Joan Crawford. Atención:

- " No me mearía en ella ni aunque estuviese ardiendo y me lo pidiese por favor"
-"Se ha ido a la cama con todos los hombres de la Metro- Goldwyn-Mayer excepto con Lassie"
- "La señorita Crawford actúa mucho mejor en las fiestas de Hollywood que en sus películas"
- ¿Que por qué soy tan buena interpretando a malas? Debe ser porque no lo soy. Por eso debe ser que la señora Crawford siempre interpreta a señoras respetables"

De hecho, cuando se le dijo que no hablara mal de los muertos, contestó " Porque esté muerta no significa que haya cambiado" y "No tienen que decirse cosas malas cuando alguien ha muerto, sólo hay que decir "Bien... Joan Crawford ha muerto, bien" comentó en la capilla ardiente de su enemiga aférrima.

Mujeres temibles e imposibles, diosas respetadas y demonios cainitas. Viva personificación del espíritu Ancient- Hollywood de los años cincuenta, comidilla en las fiestas privadas y en las colas de los cines. Ambas, pese a quien pese, y casi medio siglo después, son perdonadas por todos. Sin pena y con gloria. Y es que ellas sí estaban más allá del bien y del mal. ¡Grandes!


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4 de junio de 2011

Soldados de seda


Si de algo estoy seguro es de que habeis luchado contra todo y contra todos. Sumergiéndoos en pieles que hacían de mortajas para así pasar desapercibidos entre la manada, paliando las quemaduras de miradas no amigas, de ese guión que sin sobreaviso os ordenaron para luego malinterpretar. Vosotros, los soldados de seda, los querubines asfaltados, los semidioses dolientes y turiferarios, conseguisteis tan poco con tanta victoria impuesta que sólo suspirais cuando un batallón de falsedades se atrincheran para saciar sus mediocridades.

- Vive con todas tus fuerzas - le dijiste mientras pisoteabas los cadáveres.
- No, así no. Así sólo se sobrevive y no por mucho tiempo - replicó el segundo en legítima defensa.

Ya no os empaña la belleza de entonces. Siguen los mismos gestos, las mismas miradas perfectas y quebradas, la mismas fábricas de placeres... Todo sigue igual y ya nada es lo que era. ¿Qué ha ocurrido? Ganasteis mejor que nadie las batallas, día tras noche, cielo arriba y mar afuera. Veniais del calmado siniestro enarbolando banderas de fuego. Más el trono os lo han robado a fuerza de improperios. Reyes sin sitio ni sino. Ahora os dirigís a un destierro de preguntas capciosas.

- ¿Qué nos ha pasado?
- Nada que no temiéramos desde un principio - le dijo secándole las ganas.
- Vayámonos deprisa, huyamos.
- No hay sendero que cubra esta incertidumbre que se abre- sentenció abrigándolo en su abrazo.

Agonizan juntos. El uno contra el otro. Lo noto porque el cielo está preñado de nuevas estrellas y a mi guitarra se le antoja un sollozo entre sus espadas.

- A todos los soldados de seda -



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1 de junio de 2011

¡Happy Birthday Miss Monroe!


"Todo lo que hace es diferente de cualquier otra mujer, extraño y excitante, desde la forma de hablar hasta la manera de utilizar su magnífico rostro". Clark Gable, el galán de cine de los años treinta por excelencia, no ocultó su admiración cuando fue preguntado por la rubia más célebre de todos los tiempos. No fue el único: todo aquel que la conoció se deshizo en elogios hacia ella, más allá de su rostro angelical, sus sensuales labios y sus proporciones pluscuamperfectas. Más allá incluso de su indudable talento interpretativo y su demostrada inteligencia.

Norma Jeane encarnó en su deseada piel el sueño americano: el ascenso al Olimpo de Hollywood de una joven de clase humilde con una madre con graves problemas emocionales. Una mujer hecha a sí misma pese a los traumas de una niñez y una adolescencia rotas en las que sufrió abusos sexuales a manos de algunos de sus familiares de adopción. "Cuando me miro al espejo por la mañana no veo a la mujer que todos desean, sino a una niña que se durmió sin que le dieran el beso de buenas noches", escribiría años después.

Norma se interesó por el mundo del cine gracias a la mejor amiga de su madre, Grace, que se hizo cargo de su custodia. Pero dedicarse a ello era solo un sueño.Trabajó en una fábrica de paracaídas, donde fue fotografiada por un periodista que retrataba la contribución de las mujeres americanas a la II Guerra Mundial. Fue su debut como modelo, un terreno en el que no tardó en abrirse paso antes de dar el salto a la interpretación, primero como extra y finalmente con un pequeño papel en el musical The Shocking Miss Pilgrim, en el que interpretó a una telefonista.

Rebautizada como Marilyn Monroe por Ben Lyon, uno de los primeros directores que le dieron trabajo, descubrió su trampolín definitivo gracias a la revista Playboy, cuyo primer número llevó a portada sus sinuosas curvas. Llegaron los años cincuenta y, con ellos, sus papeles como fémina despampanante en cintas como Los caballeros las prefieren rubias o La tentación vive arriba, antes de mudarse a Nueva York en la segunda mitad de la década y confirmar su talento como actriz en filmes imprescindibles como Bus Stop o Con faldas y a lo loco.

Marilyn, como otras tantas estrellas, tuvo una difícil relación con la fama y el frívolo mundo del celuloide. "Hollywood es un lugar donde te pagan 100 dólares por un beso y 50 centavos por tu alma", reconoció amargamente. Adicta a los barbitúricos para conciliar el sueño, su vida personal se fue apagando mientras su estrella continuaba luciendo radiante.

Cuesta imaginar cómo sería Marilyn hoy con ochenta y cinco primaveras. Buena parte de su leyenda reside en la posibilidad de contemplarla siempre joven, siempre hermosa. ¡Siempre Marilyn!

http://www.youtube.com/watch?v=8ZRs__rmYMc

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