
Lo primero que le dijo su madre cuando Federico le presentó la obra fue: "¡Hijo mío, no lo hagas!". Se trataba de "La casa de Bernarda Alba", su última y definitiva obra teatral que lo encumbraría en el firmamento de los dramaturgos inmortales. Era finales de junio de 1936 y Lorca ya estaba dispuesto a mandarlo a las editoriales para que la publicasen. "Cambiale aunque sea el nombre de los personajes. O por lo menos el título" - le aconsejaba su hermano Francisco. Él no quiso y él pagó las consecuencias.
Decir hoy en día que Bernarda Alba fue la causante de la muerte del granadino puede sonar a patraña y más para los puristas y estudiosos de su obra y figura; como es el caso del hispanista Ian Gibson, un irlandés que durante cuarenta años ha llevado las riendas de su anatomía poética y su prosa vital. Pero si conocemos otros puntos calientes en la vida de Federico García Lorca, podemos llegar a replantearnos si esta última provocación a la poderosísima familia Alba tuvo una responsabilidad más o menos directa con su asesinato.
Desde hacía varias décadas eran tres las familias que se disputaban la hegemonía territorial y social en la vega granadina. Se trataba de los Alba, los Rosales y los García Lorca. Estos últimos habían tenido la ingeniosa idea de montar una empresa azucarera debido a la pérdida de Cuba en 1898 consiguiendo así el monopolio en toda España. La idea le gustó a los Rosales y a los Alba e intentaron hacer lo mismo comprando una fábrica. Pero los Lorca compraron toda la tierra que había alrededor de la misma para que no puedieran cosechar absolutamente nada. Cosa que no les hizo mucha gracia.
Más tarde y debido al enriquecimiento masivo de los García Lorca, éstos se trasladaron hasta Granada como señal de poderío consiguiendo una concejalía dentro del ayuntamiento de la ciudad. Los Rosales intentaron hacer lo mismo presentándose a las elecciones pero se quedaron a las puertas debido a una moción de censura de los Lorca.
Como sabemos, Francisco y Federico fueron los dos hermanos que estudiaron derecho. Los dos consiguieron sus matrículas de honor gracias a un enorme favor por parte de Giner de los Ríos (futuro ministro de la República con el que Federico montaría La Barraca). El hijo mayor de los Rosales sufrió en sus notas las desavenencias entre Giner y las ideologías de extrema derecha de su familia. Estos, alertados, pidieron una revisión de los exámenes y las notas y llegaron a la conclusión de que habían sido objeto de discriminación.
Hagamos recuento y sumemos la provocación de Lorca al publicar una obra basada en la vida de una familia que desde hacía cincuenta años eran enemigos acérrimos. Ni Bernarda (en realidad se llamaba Francisca Alba Sierra) era una mujer sin escrúpulos, todo lo contrario, era conocida por ser bondadosa con sus más allegados. Ni sus hijas estaban todo el día detrás de El Romano, ni este iba calentando al personal más de la cuenta por las ventanas. Pero Federico no disimuló, ni cambió la mayoría de los nombres. Fue todo un escándalo en Fuentevaqueros y en Granada en general. "Un error que debía pagar caro" - decían.
Admiremos o no a Lorca. Lo queramos o lo defenestemos, hoy, setenta y cinco años después, sabemos que "La casa de Bernarda Alba" cobra mayor sentido y mayor valía. Porque hoy sí se entiende como ese ajuste de cuentas por ambas partes. Él quizá pagando demasiado caro en el parto de la obra más aplaudida y representada del siglo XX en España. Ellos ajustando cuentas que tuvo efectos secundarios demasiado taxativos y lo suficientemente trascendentales. Una propiedad transitiva inesperada: Él nos regaló la obra. Ellos lo acusaron. Él murió por ella. Ellos, muy a su pesar, lo hicieron inmortal.
Todos los derechos reservados. Jesús Leirós 2011 ©
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Unknown
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20.10.11