Prueba
- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


Prueba

9 de septiembre de 2010

El deseo infinito


Lo más discrepante de sí mismo que existe es el amor. El amante no sabe lo que quiere; mejor dicho, quiere todo a la vez: cumplir sus ilusiones y satisfacer sus deseos. Sin embargo, nada hay que mate tanto la ilusión como realizarla, nada hay que mate tanto el deseo como su total consecución. Y qué difícil, una vez extinguidos deseos e ilusiones, resucitarlos o renovarlos. De ahí que intuya el hombre que sus plegarias nunca es bueno que sean concedidas. Mientras las manifiesta, ascienden, de peldaño en peldaño, por la escalera irreal; si descendiesen, sería funesto el resultado: primero, porque usurparían el lugar de la esperanza; segundo, porque ninguna plegaria se concede de acuerdo con la voluntad de quien implora.

Precisamente por esto es por lo que la intensidad del hombre no decae: nuestras aspiraciones quedan tan lejos de nuestro alcance como las estrellas, por fortuna. Lo que ya se posee se deja de cantar y de buscar, y es justo en el empeño donde el alma del hombre obtiene sus verdaderas dimensiones. La felicidad es un concepto subjetivo: en el proyecto, en la promesa y en la expectativa hace su nido preferente; su primer aleteo brota más en la apetencia que en el logro. De ahí que no sea más rico el que tiene, sino el que anhela, multiplicando y engrandecido por su anhelo. Es más rico quien quiera selo aún más ( no hablo de una riqueza mensurable) ; quien se ciegue con antojeras fáciles, quien se limite y se reduzca, no será más que un buen burro de noria cumpliendo su humillante tarea.

Todo depende de nuestro deseo y de nuestra curiosidad. Ellos son los acicates que nos impulsan a lo alto: para ver más paisaje, para presenciar el objeto del tibi dabo, para respirar más hondo, para sentirnos más pujantes. El deseo hace que se nos antoje un plato quizá no muy sabroso; sus brumas convierten en incomparables los cuerpos que acaso no lo son; sus espuelas nos llevan a recorrer caminos dificultosos, y nos los colorean y nos los magnifican. Hay quien afirma que, si se inventasen píldoras con que saciar el hambre, las preferiría a la más excelente de las comidas; y hay quien lamenta verse sometido a los fogosos tirones de la carne.

Pero ¿ qué seríamos sin tales estímulos, que nos recrean sólo durante unas horas, y vuelven a encenderse, o sea, a encendernos, con su reiteración vivificante? ¿ Con cuánto detenimiento y minuciosidad un condenado a muerte masticará y paladeará su cena última, o, en su último vis a vis acariciará el cuerpo de quien ama? Cuentan que alejandro Magno se desesperaba, poco antes de morir, porque había agotado las geografías que vencer. La falta de deseos y la falta de curiosidad son los más certeros síntomas del verdadero fin.

Antonio Gala

Todos los derechos reservados. Jesús Leirós 2010 ©
Publicado por Jesús Leirós León en 9.9.10

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Que ignorante, ¿no comprendes que no eres tú quien quiere que éste?

Jesús Leirós León dijo...

¡Minipunto para el equipo de Anónimo!

galiMATIAS dijo...

Esto me recuerda a Furor! jaja hay veces que me pierdo con tanto anonimo en serio.

Saludo y poesia.

Jesús Leirós León dijo...

No te pierdas, no es tan difícil de entender en verdad.

Anónimo dijo...

Mientras se entere quien tiene que hacerlo...
La vida es un continuo teatro, todo lo que vemos tiene un trasfondo, historias tras el telón. Hay veces que no entendemos el argumento, algunas veces porque somos incapaces de sentir y ponernos en el papel de otro, no se puede saber lo que es amor si nunca lo esperimentaste; otras porque no prestamos la suficiente atención y otras porque simplemente la vida es cosa de uno, no es necesario que los demas nos entiendan.

-¿Lo entendiste tú?
Con eso me basta

Jesús Leirós León dijo...

Te comprendo tan bien que incluso te asustarías.

vivien dijo...

Me Encanta y estoy totalmente de acuerdo,solo quien ha amado intensamente y se ha dejado arrollar por esa pasion puede entenderlo,ya que solo se comprende lo vivido. Muchos no conocen el "amor"...y se le teme a lo desconocido,como si fuera una enfermedad. Y el amor ciertamente a veces duele...pero asomarse a lo desconocido,animarse a lo nuevo,lo prohibido,a mas...es lo que lo hace fascinante.
Simplente me encanta.
Conoci ayer a Antonio Gala,leyendo un fragmento en una revista,y aqui estoy enamorandone otra vez...Mis saludos y Felicitaciones. Vivien.