Prueba
- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


Prueba

19 de agosto de 2010

Al alba

Agosto dormía mientras gritaba una camioneta repleta de inocentes. Con los ojos vendados y el corazón en un puño, no les dieron la oportunidad de sofocar sus llantos. El campo los engullía entre la oscuridad de sus verdugos. Un maestro y dos banderilleros los escoltaban. También cautivos y solitarios. Sólo Federico lloraba por todos los hijos buenos de aquella España ensangrentada. Visto desde un enfoque platónico, su delito había sido el más perdonable de todos: amar a quienes amó.

Antes de que el plomo se mezclara con sus latidos, tuvo tiempo de abandonar su cuerpo mutilado para reencarnarse en sus poesías de la Vega, en las olas que bañan Cadaquesh, en las alamedas del paseo de la Victoria, en el tacto incierto de la primera caricia, en aquella Andalucía escarlata...

Asesinaron a mi poeta entre olivares. Nace Lorca cada vez que alguien grita libertad a esta misma hora, en mi Andalucía coloreada. Cuando todos soñais vuestra vida. Al alba.

Publicado por Jesús Leirós León en 19.8.10

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin duda el poeta que más conoció y transmitió el amor.
EL GRANDE!!

Jesús Leirós León dijo...

¿Por qué los poetas son las primeras víctimas de los totalitarismos? Una pregunta inquietante.

GRANDE ENTRE LOS GRANDES.

Anónimo dijo...

porque los poetas, sois seres con una sensibilidad especial, que luchais con todas las fuerzas por aquello en lo que creeis. El mundo deberia aprender de vosotros.

Jesús Leirós León dijo...

Creo que uno se convierte en un verdadero poeta cuando puede vivir de sus versos. Esa palabra me queda todavía demasiado grande.

Pero es muy cierto que todo se ve mucho mejor.

Anónimo dijo...

Creo que poeta es aquel que consigue emocionar con sus versos, da igual si consigue o no vivir de su obra.
La historia esta plagada de genios que no fueron reconocidos en vida y eso no les quita que fuesen grandes entre los grandes.

Jesús Leirós León dijo...

Pues te tengo que dar toda la razón. Me estoy acordando de Van Gogh...el pobre, si levantara la cabeza,¡se cortaría la otra oreja de rabia también!

Anónimo dijo...

El tiempo pone a cada uno en su lugar.

Jesús Leirós León dijo...

Aunque sea tarde, siempre lo hace.

galiMATIAS dijo...

Lorca muri y nacio en nuestra memoria. Estaria orgulloso de tu homenaje.

Pao Pao dijo...

Somos tanto los que lo echamos de menos que el dia menos pensado vuelve para calmarnos.

estoy de acuerdo con el anonimo, nadie mejor que el para hablar del amor y vivirlo.

Requiem por el poeta de la LIBERTAD.

Libertad 8 Madrid dijo...

Romance Sonámbulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

--Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
--Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
--Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
--¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

F.G.Lorca

Sergio Llorent dijo...

QUE PRECIOSIDAD DE TEXTOOOOOO!!!! :o