Prueba
- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


Prueba

26 de marzo de 2011

El beso



En 1888, el gobierno francés encargó a Rodin la primera versión en mármol de El Beso y apareció por primera vez en el Salón de París de 1898. En total, Rodin produjo tres esculturas de mármol de gran tamaño de esta misma obra. La escultura representa el beso de dos amantes sumergidos en sí. El beso es en nuestra cultura la representación principal y más explicita del amor y del deseo. Además, ambos amantes, aparecen desnudos como en gran parte de las esculturas de Rodin, lo cual añade sensualidad y erotismo a las escena. En El Beso, el hombre tiene sujeta a la mujer por la cadera mientras se apoya en la piedra, ella abraza su cuello. Esta configuración de la escena tiene también connotaciones culturales acerca de la posición del hombre y la mujer al respecto del amor.

Y es que para mucho El Beso de Rodin puede aparentar que representa tan sólo eso, un beso. Sin embargo podemos encontrar en esta escultura el pretexto para tratar algunos temas interesantes.
En primer lugar las figuras. Como corresponde a los cánones escultóricos de la belleza seguidos por Rodin y desde la Antigüedad por una gran cantidad de artistas, hay una asociación importante de la belleza a un aspecto físico proporcionado y correcto, normativizado al fin y al cabo. El beso como signo de encuentro entre cuerpos perfectos. Parece como si las personas que no se corresponden con esos cánones tuvieran menos derecho a enamorarse, a enamorar, a desear y a ser deseados.

Una segunda idea tiene que ver con las posiciones que adquieren los hombres y las mujeres en el amor. Ella pende él (¿depende de él?), la imagen de la mujer colgada del cuello del hombre implica una posición de sumisión y de dependencia que puede parecer que está superada. Esa superación es una idea para ser discutida. El problema no es tanto la posición del hombre que sujeta el cuerpo de ambos sobre una roca, mientras muestra su otra mano en la cadera de la mujer, o la posición de ella en actitud de dependencia, lo que ocurre es que una escultura igual, pero con los papeles cambiados (ella siendo el personaje más erecto y afianzado y él más dependiente) sería chocante para muchas personas, incluso en algún caso sería considerado de mal gusto. Unos, abanderando el feminismo más recalcitrante, abogarán que hay que luchar contra esta visión; otros en cambio defenderán que la naturaleza, como el arte, refleja nuestros instintos más básicos a pesar de los juicios culturales. El debate, desde Francia, sigue servido.

Todos los derechos reservados. Jesús Leirós 2011 ©
Publicado por Jesús Leirós León en 26.3.11

4 comentarios:

Alejandro dijo...

Me gusta mucho más esta obra de Rodin que el propio pensador.

¡Bien pensado!

Aretha dijo...

Las mujeres dependeriamos menos si fuesemos conscientes de que somos superiores!

Maribel dijo...

El beso es lo único que niegan las prostitutas. Por algo será, es algo demsiaado serio diria yo

besos!!!

Mariana dijo...

La vida en beso :)