Prueba
- Y a un idilio tan frío solo le puede la muerte -


Prueba

18 de enero de 2010

Cristo de la Vega


La que es conocida como "la capital de las tres culturas", también como "la ciudad imperial" por haber sido sede principal de la corte de Carlos I en su reinado hispánico, nos tiene reservada unas de las más hermosas leyendas castellanas sobre desamor. Hablamos de Toledo.

Se cuenta que había un soldado llamado Diego Martínez. Antes de partir hacia la guerra de Flandes le prometió matrimonio a la doncella Inés de Vargas. Ambos habían mantenido relaciones prematrimoniales durante un largo tiempo y como esto hacía peligrar la reputación de Inés, ella le pidió que le asegurara de alguna forma que se desposaría con ella cuando regresara a Toledo. Se lo juró frente al Cristo de la Vega, la imagen más representativa, peculiar y venerada de cuantas existen en la capital. El muchacho volvió después de unos años, sano y salvo, pero ya no estaba enamorado de aquella mujer. Entonces se negó a cumplir con la promesa y todo derivó en un escándalo en el que intervino un juez, quien le preguntó a la dama si tenía algún testigo del hecho. Ella contestó: "Pues sí, estaba el Cristo de la Vega".

Entonces al juez decidió mandar a un escribano para tomar declaración al Cristo por si de alguna manera podía esclarecer este asunto de desamor. Cuando se encontró el escribano de frente con Jesús crucificado le preguntó si podía darle alguna señal sobre si estaba diciendo ella la verdad. Entonces ocurrió que su brazo derecho se descolgó ante el asombro del apuntador. Desde ese momento no se volvió a colocar el brazo caído en el madero y así sigue hoy en día procesionando por la ciudad. Los amantes por su parte decidieron dedicarse a la vida espiritual en diferentes conventos hasta el final de sus días. Fue entonces cuando nació el refrán popular "a buen buen juez, mejor testigo".

Una historia de desamor, mentira, verdad y santidad. Unos ingredientes nada habituales en leyendas populares castellanas que alimentan aún más nuestro interés por seguir descubriendo mil maneras, todas válidas, de sobrevivir a la vida en beso.
Publicado por Jesús Leirós León Etiquetas: en 18.1.10

1 comentarios:

Joan Lendínez dijo...

Yo he estado en esa procesion y es espectacular amigo! Me sorprendo cada vez mas con tu genialidad al escribir. Es como si lo hicieses con el corazon. Te admiro!