
"A cada uno de los montes que me impide verte, a todas las piedras que desordenadas se esparcen por campos y praderas, a las carreteras y caminos que serpentean infinitas. Y hasta el Guadalquivir se propone en alejarme de ti más aún. Todo ello parece haber sido estudiado metódicamente. A simple vista puede resultar el plan macabro de algún desalmado que no se apiada de mí. Reconozco, a pesar de todo, que son muchos los miles de metros que me separan y muchos más los que consiguen a veces entristecerme en silencio.
Pero ya he aprendido con la experiencia y sé cómo vencerte o al menos, mitigar tu injusto castigo. Con poemas acerco su corazón al mío y juntos laten al unísono. Con confidencias de media noche logro posar su voz en mis entrañas, las mismas que me hacen revivir con fuerza. Su amor es palpable allá donde estemos porque fue construido con materiales perennes: verdad y pasión.
Así pues, te hago perdedora de una guerra que jamás quise librar. Una contienda sin sangre pero sí con heridas. Una lucha férrea y dolorosa que no supiste jugar con diplomacia pues atacabas cuando menos se te echaba en falta, en momentos en los que parecías destruida por completo.
Admite de una vez tu derrota en esta historia. Reconoce que no nos has vencido aunque cerca estuviste en variadas ocasiones. Agacha tu angustiada cabeza y arrodíllate para venerar el amor incondicional que tachaste un día de imposible. Reparte pétalos, hiérete en aplausos mientras caminamos sobre ti victoriosos. No te atrevas tampoco a cruzarnos la mirada pues te dolerá, como hiere la ardiente lava, que por fin nuestros corazones vuelvan a estar juntos para siempre.
Te recordaré vieja enemiga; pero no para alabar tus diabólicas intenciones, sino para festejar por doquier que el amor todo lo puede, que lo verdadero supera a lo efímero y que por una vez no has hecho trizas una bonita historia de empatía compartida.
Aléjate pues al destierro más oscuro y remoto, a idear perversos propósitos que sin duda otros padecerán. En este lugar no tienes cabida, ni tú, ni tus aliados. Desterrados queden los valles inoportunos, los matorrales y zarzales, tus nubes pardas de agonía. ¡Fuera de aquí!
Es el momento de despedirse, y mirándome comprobarás que no te dedico ninguna lágrima pues el júbilo con el que yo palpito ahora se traduce en mis besos, sus besos, nuestros besos..."
Pero ya he aprendido con la experiencia y sé cómo vencerte o al menos, mitigar tu injusto castigo. Con poemas acerco su corazón al mío y juntos laten al unísono. Con confidencias de media noche logro posar su voz en mis entrañas, las mismas que me hacen revivir con fuerza. Su amor es palpable allá donde estemos porque fue construido con materiales perennes: verdad y pasión.
Así pues, te hago perdedora de una guerra que jamás quise librar. Una contienda sin sangre pero sí con heridas. Una lucha férrea y dolorosa que no supiste jugar con diplomacia pues atacabas cuando menos se te echaba en falta, en momentos en los que parecías destruida por completo.
Admite de una vez tu derrota en esta historia. Reconoce que no nos has vencido aunque cerca estuviste en variadas ocasiones. Agacha tu angustiada cabeza y arrodíllate para venerar el amor incondicional que tachaste un día de imposible. Reparte pétalos, hiérete en aplausos mientras caminamos sobre ti victoriosos. No te atrevas tampoco a cruzarnos la mirada pues te dolerá, como hiere la ardiente lava, que por fin nuestros corazones vuelvan a estar juntos para siempre.
Te recordaré vieja enemiga; pero no para alabar tus diabólicas intenciones, sino para festejar por doquier que el amor todo lo puede, que lo verdadero supera a lo efímero y que por una vez no has hecho trizas una bonita historia de empatía compartida.
Aléjate pues al destierro más oscuro y remoto, a idear perversos propósitos que sin duda otros padecerán. En este lugar no tienes cabida, ni tú, ni tus aliados. Desterrados queden los valles inoportunos, los matorrales y zarzales, tus nubes pardas de agonía. ¡Fuera de aquí!
Es el momento de despedirse, y mirándome comprobarás que no te dedico ninguna lágrima pues el júbilo con el que yo palpito ahora se traduce en mis besos, sus besos, nuestros besos..."
http://www.youtube.com/watch?v=W23oG05RFM4
Todos los derechos reservados. Jesús Leirós 2010 ©
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Unknown
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31.5.10
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